Si notan tristeza en mi rostro es por una casa bien definida: hoy cumplo años. Exactamente ocho. No pesan los kilos y mantengo mi tipo, pero la edad comienza a pesar factura. Aquí me tienen, en pleno julio y con un catarro del quince, vomitando flemas por todas las alfombras que pillo.
En fin, seguiré luchando por la vida, por los huesos y por todo lo que pueda lamer.
